jueves, 30 de diciembre de 2010

Déjame que te cuente

Hoy no escribo yo, hoy escribe el dolor. Llamémoslo ¿impaciencia?
No lo sé. El caso, hoy escribo sobre una historia aparentemente trágica, aparentemente incompleta, aparentemente sin final.
Hoy escribo una historia de amor. ¿Cómo no? Siempre vienen cargadas de problemas.
Hoy vengo a contar una historia extraña, para muchos quizás aburrida. Pero ruego, lee atentamente, pues lo relato con el corazón en mi mano. A veces cuando no sé cómo plasmarlo, él toma el relevo. Pero estos ya son demasiados preámbulos para mi bonita historia. Imagina:
"Érase una vez.. No... Había una vez.. Tampoco, no es un cuento... Érase que se era... Bueno, que más da. No hace mucho, oí una historia. Una historia sobre un chico bohemio e ilusionado, que perseguía sus sueños y se levantaba siempre que caía. Esta chico, cuya descripción física me es indiferente conociendo su interior, tenía un defecto. ¿O quizás una virtud? No lo sé, el caso: necesitaba amar y ser amado. "Lógico, es humano" me diréis. Lo sé, pero, ¿hasta qué punto amar? Sí, creo que aquí se explica mejor la característica del muchacho. Debo añadir, que el chico, llamémosle Pepe.. No, demasiado común... Robin mejor. Sí, eso es. Como bien decía, Robin tenía un trabajo curioso: era cazador de estrellas. "Extraño" diréis. Lo es, pero es un buen oficio. Veréis, alzad la vista, ¿véis cuantísimas estrellas hay en el cielo? De cuando en cuando, aparecen algunas muy especiales, las estrellas fugaces. Todos conocemos la leyenda: "Corre, pide un deseo a la estrella. Vamos, antes de que se vaya, sólo así se cumplirá tu deseo". Bien, él recogía todas las estrellas que no habían sido captadas por el ojo humano. Aquellas que nadie había mirado y pedido sus más ansiados deseos. "¿Qué ocurre con las que sí, las que llevan un deseo a cuestas?" Amigo mio, esa es una historia bien diferente, pero áun así, tal vez pueda decirte que cambian de color. Sí, tienen un tono más rosado. Pero aún así, es una historia bien distinta. Por favor, deja que acabe esta.  Como iba diciendo, él las recogía y tiraba otra vez al cielo para que los demás volviesen a desear. ¿Quién dijo extraño trabajo? A mí me parece de lo más hermoso, ¡no todos tenemos la oportunidad de ver estrellas la primera vez que pasan!
Un día cualquiera, aparentemente normal, sucedió algo muy extraño. Robin recogió una estrella distinta. Para él lo era, no tenía el brillo que las otras, no desprendía el mismo calor que las otras, no era como las otras. Él sabía que no era para él, que algo tan bello debía estar al alcance de muchos. Pero no podía, la amaba. La amó desde el mismo instante que la recogió. Entonces, él deseo que ella le amase. "Espera, no puedo pedir eso, no puedes obligar a nadie a estar contigo", pensó Robin. (¡Qué gran corazón!) Siendo así, ella le dió su calor, su brillo, su dulzura y elegancia muchos, muchos días. Era preciosa, tanto brillo, tanto color, tanto calor, ¡tantísima luz! Pero ¿sabéis que pasó? Un día, otro día cualquiera como todos, nada fuera de lo normal. Ella, sin motivo aparente, se levantó, dispuesta a despegar.
- ¿Adónde vas? -preguntó nuestro amado protagonista
- De donde nunca jamás tuve que descender. -respondió esta con elegancia y llanto disimulado.
- Espera, dime al menos, porqué me abandonas.
Y se fue... Así es, con tanta elegancia y dulzura que podría herir el corazón de la mejor de las bailarinas, avanzó, tomó carrerilla, dió unas cuantas piruetas y voló. Voló lejos, dejando a nuestro cazador de estrellas solo, sin luz, sin calor, sin brillo... Abandonado en la peor soledad que os podáis imaginar. Y ahí estaba él, plantado en el suelo, llorando a lágrima viva, con el corazón totalmente roto. Pero ¿qué podía hacer? Esperarla, no más. Esperar a que un atisbo de cordura apareciera en ella y regresara. Esperar a que ella dijera: "¿Te lo creíste? ¡Era una broma, tonto!". Pero no pasó, y cada vez se alejaba más y más. Nuestro enamoradizo entonces, tuvo una idea desbordante. Se tragó a la soledad y desbocado por la locura (tantas veces llamada 'amor'), empezó a correr. Empezó a seguirla y ella aún le dejaba atrás. Entonces, se paró en seco, se secó las lágrimas y tomó aire, mucho aire. Entonces, abrió la boca, desbordado por el dolor, a lágrima viva, con los pulmones repletos de dolor y esperanza al mismo tiempo, gritó:
- Deseo... DESEO QUE SEAS FELIZ. Que hagas lo que hagas, si fui una mala idea, seas feliz con otro. Porque es lo único que me importa, te amo, y por eso quiero que pese a mi dolor, tú y sólo tú seas bendecida con la alegría... ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡DESEO QUE SEAS FELIZ!!!!!!!!!"
Y la estrella se tonó rosa....
...
Nadie sabe si la estrella volvió, pero lo que si sabemos es que aún él la espera, aún el sigue recogiendo deseos ajenos a la espera de que se cumpla el suyo....