El amor es un campo de batalla tortuoso e impredecible. No te preocupes, aquí hasta los más valientes caen... Sea cual sea el resultado de tu lucha, acusa al destino.
Mi batalla (una de las muchas) finalizó con un amigo menos, un amor certero y muchas heridas. Puede que mi razonamiento sea equívoco, pero por lo poco que el tiempo se atrevió a mostrarme, me atrevería a decir que gané yo. Mis contrincantes me dañaron más y menos, pero al parecer, todas las heridas curan. El caso, es aplicar la cura precisa.
Mi amigo me clavó hachas y flechas, mas yo no me quedé atrás.
Al poco, acabas dándote cuenta que tal vez no hubiese muertos, pero heridos resultamos muchos.
Y al poco, observas que las heridas se cierran pero el mal rato se queda.
De hecho, al poco, resulta que ninguna herida fue necesaria. Que nos herimos, nos frustramos y nos perdimos.
Sin embargo, al poco de perdernos, no nos encontramos. Y puede que jamás lo hagamos.
Mas es el resultado de una hazaña, no debemos lamentar los rasguños, tan sólo la furia fue la causante de todo.
Esto precisa aclaración. Nos perdimos y puede que nunca nos encontremos a nosotros mismos. ¿Te acuerdas? Solíamos ser uno. Todo fue demasiado rápido. De hecho, la herida que aún no deja de sangrar es aquella que me hice justo cuando mi espada resbaló y atravesó mi piel. Pero no importa, no dejo de echarle pomada.
La consecuencia de todo no es otra de que afirmo y confirmo que abandono el campo de batalla, simplemente porque no tengo nada que luchar. Me encontré a mi misma y al amor que me da la vida en mis días y en mis noches. Y eso, fiel caballero, es lo único que precisa esta humilde plebeya para existir. No necesito nada más. No quiero nada más. Mas recuerde estas palabras que espero que más de una vez resuenen en su casco : "En esta cruzada, no hay vencedores ni perdidos, tan sólo hay seres humanos."
☮