jueves, 6 de enero de 2011

¡Paradojas!

La primera guitarra de John Lennon fue comprada por su made en 1957, una Gallotone acústica «garantizada para no cuartearse». Se las arregló para que se la entregasen en su propia casa, sabiendo que su hermana, escéptica de la idea de que Lennon fuera a ser famoso algún día, esperaba que se aburriera con la música. A menudo le decía: «La guitarra está muy bien, John, pero nunca podrás hacer una vida con ella».
;)




"La vida es aquello que te va sucediendo mientras estás ocupado haciendo otros planes."


"No puedo creer que me condecoren. Yo creía que era necesario conducir tanques y ganar guerras."

lunes, 3 de enero de 2011

Escribamos

Escribamos, démos una vía de escape a la ira, al enfado, al llanto rabioso, a la estupidez, a la ignorancia, a la cabezonería. Escribamos, esplayémonos en líneas, en unos cuantos caracteres amontonados, sin sentido para muchos. En una maraña de sintagmas, esos grupos de palabras que desempeñan funciones. Para mí, ahora, ¿la más importane? Desahogarme.

" Esta historia que os cuento ahora, me nubla la vista. Esta historia va sobre el odio. Los grandes diccionarios lo definen como algo semejante a esto: "Antipatía y aversión hacia algo o hacia alguien cuyo mal se desea." Para mí, esto son sólo palabras unidas por nexos, palabras que en sí que no significan nada. ¿Queréis mi versión del odio? Sólo una palabra: DOLOR. Así es, mirad a vuestro alrededor. O mejor aún, mirad en vosotros mismos. ¿Cuántos no hemos odiado alguna vez? Y me refiero al odio verdadero. No me refiero al odio provocado por la envidia o la ambición. Para mí cualquier persona que odie en ese sentido, está vacío, se siente inferior. Pero aún así, esta es la base del odio: inferioridad. Sí, una persona no te hace daño si no te consideras inferior a ella, ¿verdad? Al menos esta es mi versión.
Pero como iba diciendo, esta maraña de palabras no tiene nada que ver con la ambición o la envidia, en absoluto. He odiado a dos personas en mi vida. La primera vez, por amor. Sí, ¡qué fina línea separa el amor del odio! Bien, esa vez fue sencillo, fue fácil dejar de odiar (que por supuesto, es lo mejor que puedas hacer). Bastó con tiempo y entretenimiento.
Pero la segunda vez, es la que corresponde a mi carga. Es fácil dejar de odiar a alguien que apenas ves. Borrón y cuenta nueva, ¡a seguir viviendo! Pero esta vez, no fue así, no es así:
"Érase que se era una niña sensible y al mismo tiempo alegre. Sus tirabuzones rojizos alcanzaban casi su ombligo. Sus ojos verdes, pasionales y traviesos, desprendían bondad irradiable. Sus pecas en su pálida piel añadían inocencia a ese pequeño ser. Claire era llamada comúnmente.
Claire, amaba el Sol y al parecer, el Sol la amaba a ella. Pasaron muchas tardes juntos. Él la cosquilleaba sobre sus inocentes pecas. Ella movía sus tirabuzones de un lado a otro para que él se riera un poco. Debo añadir, querido lector, que esas sonrisas eran el alimento de ambos.
Nadie sabe por qué, pero un día, el cielo quedó opaco a causa de numerosas nubes. Y entonces, llegó el gélido invierno. Todos sabemos que en invierno también hay días soleados, claro que sí. Pero nadie sabe cómo ni por qué, el Sol no se asomó. El Sol, no iluminó el cielo. El Sol no luchó contra las nubes. Ni siquiera sus rayos lo intentaron.
A cambio Claire, tuvo agua, frío y lágrimas para recompensarla. La niña empezó a volverse aún más pálida de lo que ya era. El agua, fue arrebatándole su pelo rojizo, dejándola apenas rubia. El cruel frío amorató sus manos e inmovilizó sus articulaciones. Las lágrimas tiñeron sus ojos de negro. Dejándola así sin inocencia, sin confianza en sí misma, solitaria, abandonada y sobre todo, robándole cualquier atisbo de alegría.
Otro día cualquiera, llegó la primavera, y el Sol volvió. Y allí se sorprendió, allí la vió. Allí una niña apenas de 8 años aparentaba 40. Sus tirabuzones rojizos habían desaparecido dejándole lisos cabellos blanquecinos. Sus ojazos verdes, se habían achicado y ennegrecido. Su piel blanquita, había tomado colores morados, verdes y amarillos por ciertas partes de su cuerpo. Sus pecas habían desaparecido, todas, absolutamente todas. Su lindo cuerpecito, había adelgazado rozando la enfermedad. Y la tristeza no paraba de brotar de sus lindos ojos.
- Oh, ¡dios mio! Claire, ¿qué te ha pasado?
Tras una breve pausa, con las pocas fuerzas que le quedaban para hablar, consiguió decir:
- No, ¿qué te ha pasado a ti? ¿Por qué te fuiste? ¿Por qué me abandonaste? ¿Por qué ahora vienes cargado de la inocencia que un día me arrebataste? 
- ¿Qué ha pasado con Claire? Tú no eres la niña que me alegraba el corazón.
- Ni tú quien hacía sonreir a mi alma....




                                                                                                                       Candela López