Había una vez dos almas gemelas (o al menos, eso creían todos). Supongo que a una la llamaremos Alma y a otra Amla...
Alma y Amla eran uña y carne, compartían risas, miradas, pensamientos, ideas... (Quizá fue eso lo que las mató...). Resulta, que un día no muy lejano, los sentimientos de Alma florecieron llenándolo todo de hojas serrantes y espinas... En realidad, no sé muy bien qué pasó, el amor se supone que siempre es bueno.
Al principio parecían corresponderse, de hecho, prometieron pasase lo que pasase, seguir siempre unidas. Pero quizá fue eso lo que las mató. El amarse y no ser correspondidas, no poder estar siempre unidas.
Sin embargo, la única parte que me sé de esta historia, es la de Alma. La de Amla puede que incluso nunca se llegue a escribir...
A partir de expresar sus sentimientos, para Alma todo fue mal... Todo fue cuesta abajo, sin frenos y a toda velocidad... Alma intentó frenar... Alma rompió el freno... Alma lloró... Alma gritó... Alma chilló... Alma incluso pidió consejo... Pero al final... chocó... Sí, choco y todo se fue al carajo. Lo evidente apareció.
Fue un accidente tremendo, lágrimas por todas partes, manos amoratadas, ojos escarlata, pensamientos vacíos, esperanzas rotas, el olvido de cómo respirar... Tal vez, vio algo que no era del todo cierto... Pero no pasa nada, al final Alma consiguió respirar.
Y la historia termina aquí. ¿Ha sido corta verdad? Os cuento el final:
Al final, Amla acabó con la chica equivocada mientras la correcta se ahogaba... Sí, es una historia corta y con un final agridulce, pero... así lo quiso el caprichoso destino...
Hay veces que Alma guarda esperanza y voces en su interior, dicen que no hay nada perdido si lo intenta... Pero.. La historia ya acabó, sólo que ella no se quiso dar cuenta. No pasa nada, pequeña. En el tortuoso campo de batalla que es el amor, hasta los más valientes caen... No te preocupes
jueves, 5 de enero de 2012
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