Llega un punto en el que el alma se cansa de sufrir, de llorar, de sangrar, de herir.
Cuando llega ese punto te das cuenta de que tal vez sí mereció la pena, pero tal vez no.
Todo carece de sentido, pero no me apetece seguir buscándoselo.
Así pues, ¿ves mi sonrisa? Me vestiré con ella todos los días.
Gracias por hacer que lo viese todo tan claro.
Paz, "hermano"
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